Aferrados aún, a la forma en que
el aldeano vanidoso descrito por José Martí en su ensayo Nuestra América,
concibe el mundo como su aldea. El pensamiento y la acción de la mujer y el hombre latinoamericano no podrán
hacer lo necesario para terminar con todo, (que es mucho) cuanto
existe en el ideario político-comunicativo latinoamericano, de aldea.
Para
bien de su adversario común, el imperialismo, el concepto de Patria que
habita en el imaginario simbólico de
nuestros pueblos continua siendo el mismo que llevara a Marx a expresar: Los “obreros” no tienen patria… la definición por la que millones de obreros latinoamericanos
han muerto, es, en última instancia un conjunto de intereses económicos y políticos ajenos a la
clase que lo asume y defiende en las guerras imperialistas, es un
constructo semiótico de las clases que
históricamente ha detentado el poder político.
¿Por cuál patria murieron millares de
latinoamericanos enfrentados en guerras
como las Chaco que solo facilitaron la dominación del monopolio extranjero en
América? ¿Por cuál patria han muerto miles de emigrantes latinoamericanos,
convertidos en soldados por necesidad económica, durante “Las guerras
contra el terrorismo” librada en los ricos suelos del oriente, por los Estados
Unidos?
Los
poderosos, se las han ingeniado durante siglos para lograr que las mayorías,
legitimen y reproduzcan al poder expresado en cualquiera de las formas
históricas del Estado, de lo contrario el ejercicio del mismo hubiera sido
sencillamente imposible. La relación de
formas y medios de que se han servido para lograrlo serían realmente muy amplios,
pero en toda la historia no encontraríamos ninguna forma, ni medio tan
efectiva y eficaz como los que emplea el imperialismo, etapa superior del
desarrollo capitalista.